Los seres humanos tenemos dos mentes, una mente que piensa (mente racional) y otra que siente (mente emocional) y estas dos formas de conocimiento interactúan  para construir nuestra vida mental.

La mente racional es la comprensión de la que solemos ser conscientes, más despierta, más pensativa, más capaz de reflexionar. Establece conexiones lógicas entre causa y efecto.

La mente emocional es más veloz, más impulsiva y más poderosa que la mente racional. Se pone en funcionamiento sin detenerse apenas. Es asociativa, considera a elementos que simbolizan una determinada realidad como si se tratara de esa misma realidad (por eso las cosas son como las percibimos, no como son en realidad).

Estas dos mentes constituyen dos facultades relativamente independientes que reflejan el funcionamiento de circuitos cerebrales distintos aunque inter relacionados. Habitualmente existe un equilibrio entre ambas, pero cuando aparecen las pasiones, el equilibrio se rompe y la mente emocional desborda y secuestra a la mente racional.

Los pensamientos van íntimamente unidos a las emociones, de forma que pensamos cosas basándonos en emociones y nos emocionamos sobre la base de unos pensamientos.

Cuando ocupamos nuestro pensamiento con emociones negativas, nuestro pensamiento se nubla y no se centra en otras cuestiones. Así estaríamos utilizando el pensamiento de forma inadecuada.

Si no nos lo proponemos lo más fácil es dejarse llevar por el pensamiento negativo porque no requiere esfuerzo ni reflexión.

El pensamiento negativo viene solo a nuestra mente (por hábito) y si no lo hace, la gente que nos rodea (la sociedad en general) ya se encarga de bombardearnos de pensamientos negativos para que no nos falten.

El pensamiento negativo es propio de la persona insatisfecha con su vida, de la persona que no está dispuesta a superar sus dificultades. Es el camino fácil de no hacer nada.

Si uno no ha desarrollado la disciplina del pensamiento positivo, entonces cae inmediatamente en el pensamiento negativo y se hace muy difícil salir.

Podemos decir que el pensamiento positivo es una habilidad que podemos desarrollar. Es un proceso, algo que puede servirnos para mejorar y para digerir mejor la realidad, por dura que ésta pueda ser.

El pensamiento positivo exige una gran dosis de creatividad, pues no es tan fácil pensar de forma positiva.

Cuando más deberíamos poner en marcha nuestro mecanismo de pensamiento positivo es cuando tenemos una emoción negativa o una situación que nos causa estrés, ya que es cuando más se necesita, pero también  es en ese momento cuando más cuesta.

El pensamiento positivo es una cualidad que se desarrolla con esfuerzo consciente y que con el tiempo permite enfrentarse al mundo y a los problemas con mayor eficacia.

El pensamiento positivo no significa no ver los problemas, significa trabajar para solucionar los problemas.

Es más provechoso pensar positiva que negativamente. Cuando abordamos un objetivo nos movemos entre el temor y el deseo porque nos surgen pensamientos. Si estos pensamientos son positivos, aumentaremos el deseo y si son negativos aumentaremos el temor.

Los pensamientos positivos nos dan coraje, valor, nos animan, nos dan claridad, ponen en forma nuestra mente y nos acercan a nuestras metas. Los pensamientos positivos nos hacen sentir fuerza interior.

Lo que causa infelicidad no son los hechos externos sino la reacción que tenemos ante esos hechos y sobre todo el pensar que no podemos conseguir una determinada cosa, o que no hay nada que hacer, porque es  entonces cuando no haremos nada.

Lo primero que tenemos que hacer para deshacernos de las emociones negativas es no alimentarlas más. Evitar que se desarrollen. Para ello lo mejor es no emitir juicios ni justificar la situación. Mantenerse neutral.

¿Qué sucede cuando se habla con los demás de nuestras emociones negativas?  Pues según el principio de la concentración del subconsciente, aquello en lo que uno centre su atención aumentará.

Tenemos que tener en cuenta que las emociones negativas son frágiles. Si no las cuidamos y alimentamos desaparecerán.

El término “inteligencia emocional” se refiere a la capacidad o competencia de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos.

Las competencias son el conjunto de comportamientos que denotan que una persona es capaz de llevar a cabo en la práctica y con ÉXITO una actividad, integrando sus conocimientos, habilidades y ACTITUDES personales en un contexto  determinado.

Los sentimientos naturales o apropiados son sanos y auténticos. En términos de Análisis Transaccional éstos corresponden al Niño natural.

Todos nacemos con la capacidad de sentirlos y expresarlos necesitando un determinado comportamiento de los padres para que puedan ser encauzados de forma positiva.

El desarrollo físico y psíquico sano implica la toma de conciencia de los sentimientos y emociones que se experimentan, así como la adecuada canalización de  su expresión.

Si nos basamos en  la teoría del Dr. Roberto Kertész, ésta acepta cinco sentimientos o emociones  naturales: Amor, Alegría, Rabia, Tristeza y Miedo.

Los sentimientos falsos o inapropiados son substitutos de alguno de los naturales que por alguna razón no se  pudo expresar.

Muchos de ellos se aprenden en la infancia como copia de los sentimientos desproporcionados que expresaban los propios padres.

A cada sentimiento  le corresponden unas actitudes y conductas, que cuando se manifiestan, hacen visible para los demás un determinado estado de ánimo.

Un sentimiento falso es todo aquel que se expresa inadecuadamente. Reír frente la desgracia, o llorar de alegría, son ejemplos frecuentes.

Los sentimientos se enseñan y se aprenden a través de los mensajes que transmiten las actitudes  y que tomamos como modelo.

Todos tenemos derecho a tener consciencia de nuestros sentimientos, podemos decidir si los expresamos o no y cuando, como y donde hacerlo y por último podemos decidir si queremos actuar de forma concreta (como besar a alguien si lo que sentimos es amor)

Pero es importante tener claro que el límite de  nuestros sentimientos son las otras personas, lo que quiere decir que yo no puedo besar a alguien por mucho amor que yo sienta, si la persona a la que quiero besar no quiere ser besada.

Hay quien sufre enfermedades que pueden ser originadas por los sentimientos junto con el sistema nervioso, como alergias, problemas intestinales o digestivos, dolores de cabeza, taquicardias…

Se puede decidir cambiar sentimientos y conductas que le hagan sentirse mal y que le perjudiquen en su relación con los demás. Usted decide.

Montserrat Morales. Psicóloga-Formadora-Coach   Más info  680904672  o en info@cepsico.com

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